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viernes, 5 de octubre de 2012

Hay un camino para Venezuela


El contraste entre las dos alternativas que se les presenta a los venezolanos este domingo no podría ser mayor. Por un lado se presenta Hugo Chávez, quien tras trece años de gobierno, se presenta una vez más a la reelección con vistas a obtener un nuevo mandato de seis años, periodo que se desconoce si el cáncer que padece le permitirá terminar y por otro Henrique Capriles Radonki, el joven gobernador del Estado de Miranda, quien representa a la opositora Mesa de la Unidad Democrática.
Las diferencias entre Capriles y Chávez no son sólo de forma, aunque la diferencia de estilos sea brutal. Mientras el joven Capriles (42 años), derrocha energía y optimismo en su campaña que ha recorrido los 23 estados de Venezuela, Chávez (58 años) limitado severamente por su enfermedad, ha recurrido en esta campaña a sus mejores herramientas (y quizás las únicas que le quedan): el insulto y la división, llegando inclusive a hacer un velado llamamiento a la violencia en caso de que el resultado le sea adverso. Mientras Capriles desafía a Chávez a debatir, Chávez se limita a descalificar a su adversario llamándolo despectivamente “majunche” (mediocre). Mientras Capriles invita a sus compatriotas a soñar con un futuro mejor, Chávez se dedica a revivir los fantasmas del pasado tildando a la oposición de neoliberal, sin considerar que la Mesa de Unidad Democrática es una alianza de partidos que incluye desde el tradicional partido socialcristiano COPEI, hasta el Movimiento al Socialismo (MAS), antiguo aliado de Chávez.
Capriles representa para Venezuela en esta elección mucho más que el mal menor. Pese a su juventud, Capriles acumula una amplia experiencia política alcanzada en sus cargos de Diputado, Alcalde y Gobernador, que le será útil en el caso de ganar, al momento de gobernar Venezuela en lo que será sin duda, uno de los momentos más complejos de su historia. Capriles ha demostrado con hechos que no tolerará la corrupción. Cuando surgió un video que comprometía a un diputado de su partido en presuntos actos ilícitos, Capriles no dudó en separarlo inmediatamente de su agrupación y pidió que las autoridades investiguen y establezcan responsabilidades. Aunque gobernar con una coalición tan amplia, constituye un desafío para cualquier gobernante, Capriles tiene un gran puntal en su partido, Primero Justicia, el cual fue el partido opositor más votado en las elecciones legislativas del 2010 y está llamado a ocupar el puesto que un día tuvo COPEI en el escenario político venezolano (lo mismo podría decirse del socialdemócrata Un Nuevo Tiempo en relación a Acción Democrática).
Todo hace pensar que el resultado de esta elección será reñido, pero en una campaña en la cual ha existido una verdadera guerra de encuestas, donde se muestran resultados tan dispares desde un posible triunfo chavista por más de veinte puntos, hasta un triunfo de la oposición por casi diez, resulta válido analizar la tendencia que han tenido tanto la oposición como el gobierno durante los últimos procesos electorales, que incluyen tanto las elecciones presidenciales del 2006, regionales del 2008 y las parlamentarias del 2010, como los plebiscitos del 2007 y 2009. Un análisis estadístico realizado por el comentarista venezolano Angel Da Silva, muestra como la tendencia en cada uno de los estados es de una reducción del voto chavista y un incremento sostenido del voto opositor. De acuerdo a la estimación de Da Silva, Capriles se impondría con un 53% de los votos y obtendría el triunfo en al menos diez estados (entre ellos los más grandes Miranda, Zulia y Carabobo y el hasta ahora esquivo Distrito Capital), lo que está muy en la línea con las percepciones que tiene la oposición venezolana en terreno y lo que sería un triunfo lo suficientemente holgado como para prevenir posibles intentos gobiernistas de manipular los resultados.
Aunque en política no cabe hablar de determinismos insuperables, el análisis de Da Silva es especialmente válido porque se trata de un proceso político que viene en franco desgaste y que teniendo trece años en el poder, a esta elección se presenta sin nada nuevo que ofrecer a los venezolanos, mientras la oposición recurre a una alternativa mucho más atractiva que lo que representó Manuel Rosales en el 2006.
Las repercusiones del resultado de la elección de este domingo, serán grandes en todo el continente, pero en ninguna parte serán tan importantes e inmediatas como en Ecuador, donde elegiremos presidente el próximo febrero. Todo hace pensar que el camino que elegirán los venezolanos será el de la libertad y el progreso, esperemos que sea el mismo por el que optemos los ecuatorianos el próximo año.
*Publicado originalmente en LaRepublica.ec el 5 de octubre de 2012

domingo, 24 de junio de 2012

Egipto: Sin razones para celebrar



El día de ayer, el Comando Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto proclamó a Muhammad Morsi como nuevo Presidente de Egipto. Morsi, de 51 años, era el candidato del Partido Libertad y Justicia, uno de los vehículos electorales que utilizó la Hermandad Musulmana para estos comicios. El resultado final anunciado fue mucho más estrecho de lo esperado, obtuvo el 51,7% de los votos frente a Ahmed Shafiq, el candidato del establishment militar de Egipto y ex primer ministro de Hosni Mubarak.

El poder real que tendrá el nuevo presidente será muy limitado. Los militares han cambiado las normas, restándole atribuciones en las áreas de presupuesto, seguridad interna, relaciones internacionales y la dirección de las Fuerzas Armadas. De hecho el parlamento recién elegido, donde la Hermandad Musulmana tenía mayoría, fue disuelto por los militares hace un par de días, con lo cual la redacción de la nueva constitución recaerá seguramente en manos de políticos cercanos a los generales.

El peligro de la elección de Morsi radica menos en lo que pueda hacer él desde la presidencia y más en que los continuos conflictos con las fuerzas armadas, puedan generar una reacción violenta en la población que concluya en la consolidación de un régimen islamista en Egipto.

Lo que es seguro es que Egipto seguirá siendo en el futuro próximo una gran fuente de inestabilidad en el Medio Oriente, y esas no son noticias para celebrar





sábado, 16 de junio de 2012

El mundo cruza los dedos


El día de mañana los griegos se enfrentan a su segunda elección general en menos de dos meses, luego de que el resultado de la elección del 6 de mayo no permitió que los partidos políticos griegos pudieran ponerse de acuerdo para conformar una mayoría que permita gobernar el país.

Las alternativas que tiene Grecia son claras: una mayoría liderada por Nueva Democracia (centro derecha) que privilegie las duras políticas de austeridad exigidas por Europa como condición para permanecer en la zona euro o un gobierno de Syriza (Coalición de Izquierda Radical), que ofrece dejar a un lado la austeridad tratando de mantener a Grecia en el euro, aunque no se ve como puedan ser compatibles ambos.

Las consecuencias de una posible salida de Grecia de la zona euro serán muy graves. Empezarán por un probable default de la deuda griega, quiebra de su sistema financiero, crisis social y política, violencia en las calles. Los bancos europeos sentirán una fuga de depósitos aún más fuerte a la que soportan en la actualidad, en especial los bancos franceses e italianos que son los más expuestos a la deuda griega. España será rebajada a la calidad de Bonos Basura (actualmente está tan solo a un escalón). EEUU, China y el resto de economías desarrolladas serán empujadas a la recesión por culpa de los eventos europeos y eso producirá una caída estrepitosa en el precio de los commodities (petróleo, cobre, etc.), afectando severamente a las economías de los países que dependen de los mismos como es el caso de los países latinoamericanos.

Las últimas encuestas muestran un empate técnico entre Nueva Democracia y Syriza, y mucho importa el orden en que lleguen, ya que el sistema electoral griego contempla que el ganador obtenga 50 escaños adicionales por el hecho de quedar primero.

El futuro de la economía global depende del resultado de esta elección, en la que solamente deciden los ciudadanos griegos. Al resto del mundo, solo nos queda cruzar los dedos.